
Fue en junio del 2020 cuando escribí "Saturno". Estaba terminando el tercer mes de encierro por la pandemia y –desde entonces– ya era notorio que extrañaba ver a la gente que quiero, tocar en un club, brindar por lo que sea, viajar y la alegría de hacer música… de vivir.
Para calmar la ansiedad a causa de la incertidumbre, decidí sentarme a escribir piezas que hicieran juego con composiciones pasadas y así poder hacer un disco porque realizar una grabación es de las cosas que puede motivar a un músico cuando está encerrado.
Al principio imaginaba que la pieza fuera una balada; algo cantabile, agradable para cualquier escucha, pero con armonía que fuera muy colorida. Creo que muchas de mis composiciones vienen de improvisaciones; toco un poco y me grabo para luego escucharlo e ir puliendo la música lentamente. Escribo sólo si es necesario, porque trato que la técnica y el pentagrama tengan poco que ver en el proceso. En alguno de esos paseos de improvisación, y sumado a un conjunto de emociones, surgieron ideas para esta pieza. También, durante esos días, tenía varias reflexiones en mente como: “Lo que estamos viviendo, ¿se volverá a repetir? ¿Existen los ciclos?” Estas ideas no paraban y por mi lado, estaba cada vez más cerca del “tercer piso” (esa crisis de la que todo el mundo cuenta al cumplir los 30), mientras seguíamos sufriendo en lo que iba del 2020; familiares que ya no estaban en este mundo, no había trabajo, los lugares de música cerrados, la gente estaba enfermando, etc. En cuanto a mi madre, me preguntaba “¿En qué momento le dará a ella?” Mi hermano está lejos… “si se enferma ¿cómo lo ayudo?” Etcétera, etcétera. Y ante tal torbellino de pensamientos sin certezas, era mejor escribir música.
Un día en una conversación (en línea, porque todo es así ahora), salió el tema de que a Saturno le toma 29 años dar una vuelta al sol. Esa era justo la edad que tenía cuando escribí la pieza. Me gustaba la idea de pensar que tanto Saturno como yo estábamos comenzando un nuevo ciclo. Mi mente alucinó con esto y aunque la pieza ya estaba casi terminada, esta información me ayudó a darle estructura y permitió que dejara que la pieza llegara a donde tuviera que llegar. Cambié el compás y la armonía, conforme avanzaba la pieza llegaba a un punto de tensión y luego todo volvía a comenzar. Y así, a través de las ideas de Saturno, los ciclos en la vida y otras coincidencias, la composición llegó al pentagrama.
Poco tiempo después de haberla escrito, mis compañeros, Aldemar y Alex, me ayudaron a darle vida por completo a la pieza. Ellos con su talento siempre están haciendo sonar mejor mi música. Estoy muy agradecido con ellos.
– Francisco. Marzo de 2021.

